logo_jaoc.gif (5520 bytes)busqueda.gif (2428 bytes)indices.gif (2150 bytes)principal.gif (2310 bytes)

.
  JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA, EN VILLAMARTIN.- RECORRIENDO LA REGIÓN JEREZANA.- EL MARTES, 1 DE JULIO DE 1930

Villamartín, sin distinción de categorías, rindió en el día de ayer un sentido homenaje a la memoria del llorado marqués de Estella, recibiendo con todo afecto a su hijo don José Antonio Primo de Rivera, que desde Jerez se trasladó a ésta en compañía del eximio poeta y orador don José María Pemán y de otros distinguidos señores, con objeto de conocer y saludar a los elementos de ésta que siguieron la política de su malogrado padre.

Una vez en el local de la U.M.E., don José Antonio fue saludado por cuantos afiliados se encontraban presentes, no cesando los vivas entusiastas al ilustre apellido Primo de Rivera.

El industrial don Francisco Delgado, con la venia del señor Primo de Rivera, leyó unos versos alusivos a la labor de su augusto padre, que fueron muy aplaudidos.

Hecho el silencio, el señor Pemán presentó a los afiliados a don José Primo de Rivera, teniendo un sentido recuerdo para el insigne general, haciéndolo de la manera irreprochable que le es característica, por lo que se le tributó una prolongada ovación.

El señor Primo de Rivera saluda a los señores que siguieron el ideario de su padre, y dijo que, aunque nunca pensó en dedicarse a la política, muerto aquél creía un deber formar en las filas del partido de Unión Monárquica Nacional, para laborar por el engrandecimiento de España. El ideario para la acción futura de los defensores de la memoria del general Primo de Rivera es el siguiente:

1º. Unidad nacional indestructible; 2º. Supremacía del interés de España frente a todos los intereses políticos partidistas; 3º. Exaltación del sentimiento nacional como principio informador de nuestra política; 4º. Reconquista de la independencia económica de España; 5º. Establecimiento de una disciplina civil consciente, severa y de alto espíritu patriótico; 6º. Existencia de un Ejército y una Marina capaces de mantener en todo momento el prestigio de España.

Ante la proximidad de las elecciones sentía que le obligaba el deber de reclamar para el apellido de su padre el puesto que a él hubiera correspondido.

Entre ovaciones clamorosas abandonó el local, para dar un paseo por la población, entre el entusiasmo del público, repitiéndose las manifestaciones de simpatía al emprender el regreso a Jerez de la Frontera.

La Nación, 2 de julio de 1930.


Sugerencias, correcciones y aportaciones:
ocja@rumbos.net
busqueda.gif (2428 bytes)indices.gif (2150 bytes)principal.gif (2310 bytes)